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Al establecerse ese vínculo comprometido con Dios por el Espíritu Santo.
Por la acción del Espíritu tenemos acceso a la grandeza de Dios.

Dios tiene su propia voluntad y expresa su propia verdad. Si esa verdad no me confronta y no me incomoda es que tengo un Dios demasiado adaptado a mi propia conveniencia.  Venga tu Reino, tu Gobierno a mi vida.

No lo podemos reducir a nuestra propia concepción.

No lo podemos acomodar para que no nos moleste.

Un Dios con voluntad propia nos tiene que incomodar.

Inevitablemente, necesariamente…  su voluntad tiene que entrar en conflicto con la nuestra.

Y El tiene que prevalecer.

La fe es la llave que abre las puertas de lo sobrenatural, del Reino de Dios presente.

La obediencia es una expresión de esa fe.

Hambre de Dios

Anhelo oír hombres de Dios que me puedan ministrar más hambre de Dios.

El hambre de Dios es como el arado a mi corazón que prepara la tierra provocando deseos de entrega y obediencia.

Es el Espíritu Santo el que provoca en nosotros el anhelo por las cosas espirituales y nos empuja delicadamente al compromiso.

Filipenses 2:13  Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

Una carga en el corazón de Dios:

Mi gloria se ha diluido se ha vuelto difusa, porque muchos se han robado mi gloria

Estoy buscando vasos y espacios donde depositar mi gloria.