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La fe es la llave que abre las puertas de lo sobrenatural, del Reino de Dios presente.

La obediencia es una expresión de esa fe.

Anhelo oír hombres de Dios que me puedan ministrar más hambre de Dios.

El hambre de Dios es como el arado a mi corazón que prepara la tierra provocando deseos de entrega y obediencia.

Es el Espíritu Santo el que provoca en nosotros el anhelo por las cosas espirituales y nos empuja delicadamente al compromiso.

Filipenses 2:13  Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

Una carga en el corazón de Dios:

Mi gloria se ha diluido se ha vuelto difusa, porque muchos se han robado mi gloria

Estoy buscando vasos y espacios donde depositar mi gloria.

Proverbios 18:1  El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza. (LBLA)

Toda forma de aislamiento nos empobrece.

Alcanzamos nuestra plenitud como personas no cuando obtenemos de los demás lo que necesitamos de ellos,  sino cuando le ayudamos a los demás a obtener lo que ellos necesitan.

Sigamos el ejemplo de Jesús, demos a los demás mucho más de lo que esperamos recibir  de ellos.

Salmo 38:9  Señor,  delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.

No es el fruto de un corazón caprichoso que anhela que Dios le cumpla todos los deseos.

Es el fruto de un corazón quebrantado que espera en Dios su contentamiento.

Salmo 68:19  Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios. El Dios de nuestra salvación.

Que pena que mucha gente no cree en esto.

Cada día…, nos colma…, de sus beneficios.

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